PAN DE AZÚCAR CIUDAD CULTURAL

Prof. Alberto Vaccaro

La Ciudad, su entorno, su vida. botón inicio.jpg

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 HISTORIA

 

Pan de Azúcar

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Joaquín C Márquez

 

Pan de Azúcar

Fundada oficialmente en 1874, la ciudad de Pan de Azúcar nació en la ruta de las diligencias que iban al Este, desde Montevideo hasta el Chuy.

En el Barrio La Viviana, junto a la cañada homónima, estaba una de las primeras postas. Allí se refrescaban los viajeros, cambiaban los caballos y seguían su camino.

Actualmente mantiene su importancia geográfica, ya que la planta urbana se extiende en la convergencia de varias rutas: 9, 37, 60, 93. -

Caracterizada por su actividad cultural, Pan de Azúcar ha sido cuna de notables escritores, como Alvaro y Ricardo Leonel Figueredo, Blanca Luz Brum, y tantos otros. Muchos son los que en el presente siguen escribiendo, publicando libros y participando exitosamente en eventos literarios.

En Pan de Azúcar existe un museo histórico regional, con salón de actos y biblioteca (Museo y Casa de la Cultura Alvaro Figueredo); una Biblioteca y Casa de la Cultura Municipal, en la que funcionan talleres de teatro, literatura, cerámicas y varios más. El Taller de Artes Plásticas "La Vieja Bodega"; artesanos de excelente nivel.

Ahora se incorpora el proyecto "Pan de Azúcar Ciudad Cultural" con la Muestra del Tango y el Humor del Río de la Plata y Museo al Aire Libre.

Una característica sobresaliente de Pan de Azúcar es mostrar el cerro de igual nombre, desde cada esquina. Un arroyo sinuoso corre a la sombra de los árboles y regala a los visitantes un hermosísimo lugar: El parque Zorrilla. En él, estratégicamente ubicadas dentro del bosque, aparecen mesas y bancos de hormigón, utilitarios parrilleros con canillas de agua potable, servicios higiénicos y una coqueta playita.

Pan de Azúcar tiene mucho para mostrar: su plaza, sus crecientes complejos de viviendas, una zona rica en paisajes disfrutables como los de ruta 60, Nueva Carrara y Km 110, la ruta 9 al Este o a Montevideo.

Alberto Vaccaro

 

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Joaquín C. Márquez: Un Fundador discriminado.

La investigación lleva mucho tiempo, especialmente cuando hay que hurgar sobre datos que se van superponiendo.

Joaquín C. Márquez nació sobre la frontera del Chuy. Su madre murió cuando él era muy pequeño, y su padre, Carlos Márquez, lo entregó a una familia que veremos posteriormente, pudiera estar emparentada o con lazos familiares muy cercanos, de apellido Texeira.

Del Chuy pasó a radicarse, todavía niño, al "Abra de Perdomo", cuando ya había una familia en el Partido de Pan de Azúcar, formada por Manuel Marques Texeira y Juana Sosa. Este Marques Texeira (ver "A Pié y a Caballo" de Martínez Rovira) fallece en 1929, pero quedan dos hijas, María Isabel y María Antonia, casadas, una con Pernas y otra con González, que eran vecinos, y ya comienza a modificarse el apellido que de "Texeira" pasa a "Techeyra" y luego simplemente "Techera".

Poco o nada sabemos de su juventud, pero tal vez por razones familiares regresa a la región del Chuy y ahí comienza con el comercio de alternativa, donde consiguió prestigio y una gran fortuna.

Luego de unos años y manteniendo una gran amistad con Don Félix de Lizarza, se radica próximo al entronque de la Ruta de los Arrayanes con la Interbalnearia.

Quizás, en sus visitas a sus ¿parientes?, La proximidad del Camino Real que se prolongaba hasta Brasil y una visión amplia de las necesidades de los viajeros, que se desplazaban sólo encontrando pulperías, y profundizando las inquietudes que tuvieron los que en 1823 quisieron fundar un pueblo, él tomó la decisión, quizás con De Lizarza, de llevar a cabo esa idea.

Por eso compra a Alonso los terrenos en 1869. Desde entonces hay un proceso fermental hasta llegar a 1874.

Ahora entramos en dos hipótesis: Joaquín C. Márquez tendría que llamarse Joaquín Carlos Márquez llevando el nombre de su padre. La otra, no lo consideraron como fundador en el momento del Acta Fundacional porque existiría una discrepancia política en sus raíces, entre Márquez y Brun, que tal vez Devicenzi ignorase al redactarla. Márquez no estaba asentado en el pueblo que él fundara y quizás De Lizarza no tuvo el peso suficiente para hacerlo reconocer como tal.

Para finalizar digamos que Joaquín C. Márquez formó parte de las fuerzas revolucionarias de 1897 y 1904.

Prof. Ricardo Leonel Figueredo. 

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Irma Pereira

(Mi Nona)

 

Irma Pereira (7 de agosto/1916/20 de setiembre 2000

Mi abuela Irma nació en El Sauce, zona rural próxima  a Pan de Azúcar, y pertenecía a un hogar humilde. Era la mayor de seis hermanos, cinco féminas y un varón.

A los siete años de edad,  quedó al cuidado de sus abuelos maternos, mientras  su papá, acompañado por los demás integrantes de la familia, se alejó para ocupar diferentes puestos laborales  en otras secciones del Departamento de Maldonado.

Su niñez y adolescencia fue muy  solitaria, junto a sus abuelos, bastante mayores y un tío. La educación primera la recibió de una joven  familiar muy preparada que ofició de maestra durante varios años, porque  la escuela quedaba alejada de su hogar. A pesar de esa soledad, su vida fue confortable y aunque en un ambiente serio y austero, recibió un especial cuidado. Los viajes al pueblo no eran muy frecuentes, y se complacía cuando podía visitar a sus padres y hermanos, donde lógicamente el ambiente era más alegre y bullicioso aunque menos cómodo. Era suficientemente  bonita como para despertar el interés de muchos jóvenes que ocasionalmente se cruzaban en su vida.  Muy jovencita se ennovió con Juan Ángel Pereira, un funcionario policial con quien tenía cierto parentesco, pero casi no conocía. Cuando tenía diecisiete años  se realizó la boda y por primera vez pasó a vivir en la ciudad. El primer hogar conyugal  fue en San Carlos, donde nació Wilma, su única hija.

Los sucesivos ascensos del esposo significaron traslados a veces frecuentes. Las permanencias más largas fueron  en Punta del Este  y en  Pan de Azúcar, donde el esposo sería Comisario durante diez años hasta culminar su carrera policial. La pequeña familia había retornado  así al pago de sus antepasados, donde permanecerían hasta el final de sus días.

Los primeros veinte años de matrimonio  ella los dedicó solamente a las tareas del hogar, a atender a esposo e hija. Su salud no muy buena, no le permitían nada más, y quizás por aquellos primeros años tampoco anhelaba otra cosa. 

Cuando pasó la barrera de los cuarenta años, y llevaba ya unos quince en la ciudad, comenzó una labor de servicio a la Comunidad, animada por una fortalecida fe cristiana.

Para ese entonces su esposo había pasado a retiro policial y su hija acababa de casarse.

 Aprendió a dar inyectables y controlar la presión arterial,  competencias agregadas a su formación como masajista. Dado que residía en un barrio  alejado del hospital local, Salud Pública la autorizó prontamente a aplicar esos conocimientos.

Desde entonces atendía en su propia casa o visitaba a vecinos que necesitaban su servicio comunitario. Se la veía a pie y muchas veces portando su lámpara  de rayos infrarrojos para otras dolencias. Atendía con mayor frecuencia a   ancianos y niños… y fue conociendo en detalle el barrio primero, y zonas más alejadas después.

Un día pensó que sería interesante poner una pequeña policlínica en otro barrio, sin descuidar a sus vecinos. Eligió el Barrio Estación. Su determinación era grande y su tesón mayor. Pronto un alma solidaria le concedió el uso de una sala para que cumpliera su propósito. En ese tiempo contó con una motoneta. Prontamente se instaló allí y concurría todas las tardecitas por varias horas. Una vecina, enfermera universitaria, Dolly Lorenzo le dio su apoyo, y un conocido médico, Andrés Accinelli se comprometió a visitar aquella minúscula policlínica una vez a la semana. Pero ella deseaba dar un testimonio de la religión que profesaba: Adventistas del Séptimo Día, y obtuvo permiso para actuar bajo el nombre de OFASA (Obra Filantrópica de Asistencia Social Adventista).

Varios años trabajó en ese reducido salón hasta que una amiga, valorando su dedicación le  donó un terreno. Se trataba de la  señora Marita Pacheco de Blois.  Eso no bastaba, sin embargo, ya que era necesario el dinero para la construcción del edificio. Fue así que por mediación de un joven amigo, luego médico, Haroldo Pi, consiguió la donación de otro terreno en un lugar que pareció más apropiado, y que pertenecía a José I. Fontes. La venta del primero, aportó  una suma importante pero insuficiente, con la que concurrió a su iglesia en Montevideo.

En reconocimiento a su esfuerzo, le proporcionaron todo lo que faltaba para concretar la obra.

La Policlínica estuvo terminada finalmente e inaugurada en el año 1982, año en que coincidieron los estrenos  de varios centros de enseñanza y de la Biblioteca Municipal. Tanto la enfermera como el doctor Haroldo Pí, que en ese momento fue elegido como director responsable de la enfermería,  trabajaban gratuitamente. No compartían la religión, pero sí el deseo de servir a la comunidad.

La policlínica funcionó sin pausas hasta  el año 2000, cuando Irma Falleció. Durante tantos años, además de sus primeros colaboradores,  acudieron  al dispensario casi todos los médicos que iban surgiendo en la ciudad. Ofasa   enviaba ropa que era  distribuida  allí, a personas de pocos recursos y a niños de las escuelas, también muy necesitados.

Sintió también necesidad de ayudar a muchos adolescentes de situaciones sociales o familiares difíciles, y además de aconsejarlos,  les conseguía becas en centros formadores de conducta y de principios morales, como para  encauzar su futuro.

Aunque el nombre de Cristo aleteaba con frecuencia fuera de la policlínica, porque allí no se requería otra cosa que llegar para ser atendidos, encontraba que servir al prójimo era la mejor manera de dar un testimonio de fe .

Y en esa misma fe y con  una actividad permanente, realizada sólo por su fortaleza cristiana, mantuvo su labor hasta tres meses antes de su muerte.

Llevaba casi dos años padeciendo una gravísima enfermedad… y falleció en la ciudad de San Carlos, donde comenzara su vida de esposa y madre.

La historia destaca algunas obras sociales, de acuerdo a parámetros variados. Una vida dedicada a la acción social podrá no merecer grandes titulares, pero deja marcado un camino, un mensaje de Dios.

 

(datos aportados por mi madre Wilma Pereira de Vaccaro)

 

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