PAN DE AZÚCAR CIUDAD CULTURAL

Prof. Alberto Vaccaro

La Ciudad, su entorno, su vida. botón inicio.jpg

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 POESÍAS

 

Yamandú Beovide

Natalia Ricco

Raúl Montañez

Alvaro Figueredo

Alberto Vaccaro

Wilma Pereira

Alfredo Moyano

Roberto Villalba

Valentina Peña de Gianola

Cantarle al Terruño

Lenir Baute

Luis A. Quevedo

Gloria Quesada

Prof. R. L.  Figueredo

Amalia de Figueredo

 

 

Indice de Poesías

 

Romance para la Fundación de Pan de Azúcar

 

El plomo de las palomas

eriza cardales secos.

Sobre mástiles de izaga

mutilan gritos los teros

y en la pizarra del agua

viven horizontes viejos.

Ya don Félix de Lizarza

rompe el yunque del silencio,

amojonando distancias

sobre los planos del viento.

Un calendario de ranchos

esparce fogones nuevos.

Agrias lechuzas rechinan

rayando el perfil del cielo.

Un redoblar de pezuñas

queda aquietado en cencerros

y esmerilada de grillos

la tarde cuelga sus flecos.

Mil ochocientos setenta

y cuatro. Sus compañeros

son: Don Francisco Bonilla,

Enrique Brun y Don Pedro

Alfonso, Miguel Alzuri...

Se está incendiando el lucero

Y candiles temblorosos

arden en cansancio y sueño.

También Felipe Pagani

y Andrés Vázquez. Todos ellos

enraizarán en espigas

materializando anhelos.

La Luna escarda las nubes.

Abriendo grietas, un perro

se apuntala en un ladrido.

Canta el arroyo contento

y Pan de Azúcar naciente

se adormila entre los cerros.

Prof. Ricardo Leonel Figueredo

Presidente de Honor de la

Comisión de Cultura de Pan de Azúcar

 

Indice de Poesías

 

 

El Indio

Escucho el canto del agua, que corre clara arroyo abajo, oigo a las ramas susurrando secretos con el viento... y percibo la sombra del indio en las orillas añejas.

Entonces no sé, si el silencio del bosque es silencio, simple murmullo de hojas, de vida silvestre; o es un compendio de voces dormidas en el lecho del tiempo.

Incolora, desteñida tal vez, la sombra del indio reposa, agachada junto al fogón que arde en otro tiempo, junto al arco que arroja saetas al olvido, allí donde la lanza clava siglos sin historia.

El Indio está allí, mudo, apenas una sombra etérea entre las sombras vivas, donde los suyos buscan esplendores idos en su tierra despojada. Sabiduría milenaria de escasas huellas, fuego modesto convertido en cenizas que nada dicen del ayer.

Lo veo, robusto y viejo, caminando el bosque, sin esperanzas. Sin los hijos que eternicen su existencia. Sin clamores, sin amor, sin presente, una sombra difusa, aquí, allá, en todos lados, paso lento, sigiloso... Se esconde de la luz que lo acusa ausente, y el paisaje se le pierde en dimensiones imposibles.

Sombra, sólo sombra que nadie ve, en la ribera del arroyo, en los brillos del agua, en cada piedra, en mis ojos, más adentro de mis ojos...

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Sobre la curva convexa de la Tierra

Te desplazas como una invisible fuerza

Las arenas del desierto se acomodan

y al pasar, las dunas renuevan su forma.

Levantas a la altura, los barriletes,

Que se sacuden con nervios de serpiente.

Hinchas las velas del barco con tu soplo,       

Para empujarlo por los mares ignotos.

Ondulas tu presencia en cada bandera

Y las aspas del molino se aceleran.

Curvas el tallo verde, quiebras la rama,

De hojas amarillas tapizas la plaza.

Una caricia, un beso transparente,

Se posa en paisajes siempre diferentes.

Cuando el Sol satura de luz la mañana

Tu frescura seca entra por la ventana.

Cierro los ojos para viajar contigo

Por horizontes que apenas adivino,

Para cargar de azules mi propio cielo

Y de lejanas islas mi agudo sueño.

Como un papel arrugado, iré contigo

A la rueda-rueda con el remolino.

Alberto Vaccaro

 

Antes de mí, y después de mí, el Mundo será el Mundo…

Sin estáticas perennidades ni eternidad.

Será la materia evolutiva del exterior a lo más profundo,

Proveniente de la nada, y en la nada viajando hasta el final.

Mísero segmento de un segmento nada más,

Se irá terminando mi tiempo, del tiempo universal.

La esfera ya estaba, y esfera será mientras exista

Aún las estrellas, llegado el instante, morirán.

Todo es breve, pese a las escalas muy distintas,

Todo es breve, y se entrega a los cambios sin parar.

 

 

 

El árbol hueco del Parque Zorrilla.

 

Han pasado los peores temporales, y sigue allí... sólo cáscara y ramas huecas enlazadas de ramas vivas de algún vecino.

Ha corrido el agua tumultuosa de las crecientes, la risa de los niños en domingos de parque, el humo de los asados, las sombras y los pájaros... pero el viejo árbol, un fantasma de pie en el bosque verde, no abandona su esencia de atalaya.-

El arroyo tiene sus puentes viejos y nuevos, su playita cautivante, sus secretos insospechados. Y caminan los recuerdos entre hojas yertas y el susurro de aquella represita.

Pero el árbol muerto no muere todavía. Es una torre a sólo metros de la ribera.

Entre tantas especies, se ve aún la mano de Don Domingo. Las mesas de hormigón invitan al solaz, los caminitos a inocentes aventuras, y en un torbellino de tiempos aparece alguna diligencia para cruzar el arroyo.

Cuántas diligencias habrá visto pasar en su juventud, este testigo de los años que no quiere caer al yermo del olvido.

Estuvo allí, enhiesto, cuando desde un escenario flotante, el parque se llenó de música y canto.

Estuvo allí, a pocas cuadras de los rieles, cuando inundaba la noche el silbato del trencito de Piria.

Desde su comprometida altura, vio pasar a las lavanderas entre corredizos de espinas.

Cuántos vecinos y visitantes furtivos disfrutaron su sombra.

El implacable viento lo respeta. El agua le canta como a un niño sus canciones de cuna, el bosque lo apuntala en el abrazo indispensable de generaciones nuevas.

El parque creció a su lado, las espinas se transformaron en calles, la maleza en mesas y bancos de hormigón

En las mañanas, el sol busca lugar entre las ramas para obsequiarle su calor. El árbol hueco del parque caerá como pobrísima leña, algún día, alguna noche. Sus cáscaras en el suelo se descompondrán como simple tierra que vuelve a la Tierra.-

Quizás, entonces, nadie lo recuerde entre formas nuevas que tendrá el paisaje. Pero yo lo visito con frecuencia. Le pregunto cuántos años tiene, y me responde: más que la ciudad.

Le pregunto cuántas personas se apoyaron en su tronco, se cobijaron a su abrigo, o se refugiaron a su sombra... y no me contesta.

Le pregunto a la gente, y pocos lo conocen. Un árbol más, un árbol viejo, sin mucho para dar.

¡Eso creen!

Pero en lo poco que muestra todavía, en las huellas a cuchillo de algún amor, en su presencia de siglos, tenemos mucho para leer y comprender... mientras su sombra existe todavía, su abrigo, su silueta.

El árbol que no quiere caer caerá, antes o después de que lo veas. Depende de ti.-

Alberto Vaccaro

 

 

Indice de Poesías

 

Me gusta cuando vienes,

me tomas del brazo desde atrás,

apoyas el mentón en mi hombro,

y te fijas en las mismas letras que estoy leyendo.-

Tú el náufrago, y yo el tronco que flota en la corriente.

Me gusta sentirte cerca.

Eres la hija que no tengo, un bonito envoltorio de cariño.

Me cuentas secretos, haces preguntas, confías en mí.

Yo el náufrago, y tú, el tronco que flota en la corriente.

Nada es absoluto, ni siquiera el Mundo que habitamos porque sí.

Locura, tristeza, pasión, nostalgia, culpas, alegría... todo es relativo.

Vientos que soplan en verano desde todas direcciones.

El concierto de grises de la lluvia.

La exageración de colores cuando brilla el Sol.

La oscuridad de misterios en el cielo nocturno.

Lágrimas que no salen de los ojos y risas

que apenas asoman en las comisuras de los labios.

Todo es relativo, menos tú y yo, en este mágico instante de paz infinita.

Me gusta cuando vienes porque vienes, sin promesas ni pedidos.

Náufragos y troncos flotando en la corriente de roles alternos.

¡Qué importan los relojes... si el tiempo se detiene!

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

Te espero... no sé por qué

Tú vienes por otro tiempo

Yo voy lejos adelante

Y te espero, no sé por qué

 

Escucho tus pasos en el silencio

Te veo en la nada

Siento latidos nuevos

Y te espero, sin palabras

 

Escribo, no sé por qué,

Versos que ya perdí...

Sueños que ya soñé...

Y te espero, sin motivo.

 

te espero, aunque no vengas

Te doy la mano, aunque no estés,

Te sonrío sin notar tu ausencia

Y no despierto, porque no quiero.

 Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Estás allí y no te veo. Sólo veo tus pupilas que taladran sin pudores el fondo de las mías.

Navego por el mar que ofreces, como un velero sin prejuicios, ni más destino que la dirección del viento.

El pulso se acelera. No sé si alegrías o nerviosas emociones circulan por mi sangre.

Una flecha lanzada al vacío... Un rayo en la feroz tormenta. Una sola estrella en la noche oscura.

No sé, no entiendo, no te veo. Algo de tus ojos me invade el alma.

Es un instante apenas, un segundo, y despierto al Mundo.

Estás allí, y pasas, como si todo fuera simple y fácil.

Los relojes retoman su implacable tic-tac y los caminos trazados se separan sin remedio.-

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

Me enamoré de niño varias veces.

Sólo sueños sin siquiera un beso.

En mi juventud tuve cien amores.

Escribí cien poesías por cada uno.

Fueron cien, también los desengaños

Escribí cien poesías por cada uno.

Dije que el amor es falso

Y me enamoré de nuevo.-

El torrente me condujo hasta el remanso

En la barca del verso nuevo.

Pero un pícaro río corre fuerte

En cauces de la más pura fantasía

Para decirle al corazón que siente

Y darle vuelo a mi poesía.

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

Hay algo que nos une

Y no es la vida.

No es el Mundo

Que seguimos con desgano.

Es un nexo

de canciones y poesía

Que descargan

Al contacto

Nuestras manos.

Pero en el aire cotidiano

Está cautivo

Prisionero de los rumbos prefijados

Y aparece en nuestros ojos

Como Sirio

Un brillo distante y pronunciado.-

Alberto Vaccaro

 

 

Indice de Poesías

Tengo las llaves del castillo, y voy por ti.

Paso el puente de tu pupila y camino la senda de  tus ojos.

Estás allí, sin teatro ni armadura, expuesto tu perfil,

Y tu sueño roto.

Lloras, y te acompaño.

Afuera los aplausos, la pintura y los trajes

Del teatro que interpretas con tu vida.

El telón separa silencios del camarín al escenario…

Y de mi sombra a la butaca vacía.

Tengo las llaves del castillo, y voy por ti,

A liberar tu llanto de sus cadenas…

A decirte “Estoy aquí”

Donde sólo los amigos llegan

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

Llueve y hace frío.

La noche se termina y el sueño se siente amenazado.

El instante robado tirita al costado de la carretera, repudia sus culpas,

Descubre su espacio, y se esconde.

Hace frío.

El Sol no se verá por las nubes

Y los amores prohibidos reclaman más noche.

Hace frío.

Historias de carruajes y calabazas rondan la madrugada

Vidrios empañados,

Sueños vencidos.

Alegrías extrañas, casi tristes.

Hace frío, y nace el día

Alberto Vaccaro

 

Indice de Poesías

 

Una tarde lloraste en mi clase... ¿Recuerdas?

Por la cascada azul de tu pupila

Desbordó un río de pena contenida.

Un mar de lágrimas nubló tu mirada

Y se hizo lluvia sobre mi alma.-

Un sueño niño se quebró en tus ojos

De cristal azul, mientras yo,

Como un tonto te miraba

Sin encontrar palabras que decir.

Una tarde lloraste en mi clase... ¿Recuerdas?

Te había visto triste, demasiado,

Y pregunté ¿Qué te pasa?

Por la ventana azul de tu pupila

Contemplé imprudente tu dolor.

Me dije ¡No te metas! Pero era tarde.

Y en el cielo que muestras cuando miras

Me sentí un intruso, quise pedir perdón,

Volver atrás, ¡Pero era tarde!

Alberto Vaccaro

 

 

Indice de Poesías

 

 Muerte Primera

La sentí de golpe

en mis adentros

como una gran batalla.

Ella habitándome

llevándome

despojándome en diciembre.

Yo desasiéndome

salvándome

queriendo ser del mundo.

Ella habitándome

escarbándome

como a su sola tierra.

Me vio tan pobre

que deshabitándome

trayéndome a diciembre

me habló de un ramo

y haciéndome de niebla:

vuelve a tus hábitos, Amalia.

Aun es temprano.

Amalia de Figueredo

 

 

Indice de Poesías

 

Primavera

Simplicidad de jardín

hay en tus pétalos sinfonía,

esencias ya olvidadas

de color de dulces días.

Al llegar la mañana

el cielo está despejado

y en las barcas de mis sueños

bordan malvones dorados.

Ya llega la primavera

la brisa trae golondrinas,

con opresión en sus pechos

revolotean las colinas.

Color de trigo maduro

bajo ese cielo de nubes,

es el Sol que nos despierta

para subir a las cumbres.

Primavera: un jardín

de rosas y azucenas;

reverdeciendo esperanzas

para escribir un poema.

Valentina Peña de Gianola

 

 

Indice de Poesías

 

Canto de Amor y de Esperanza

 

Cuando mis huesos descubrieron dolores impensados

y mi corazón - niño lagrimeó en una madrugada,

cuando mis ojos bebieron las distancias y

a la utopía le clavaron una espada, te

 

integraste al paisaje de mi pobre vida con

paso leve y tu mirada de niña enamorada.

Y mi corazón anduvo cantando entre los verdes

y las lunas fueron todas de esperanzas.

 

¡Y te estoy amando! Más allá de dolores y de penas

te estoy amando hasta el borde mismo de las

lágrimas. A los hijos que inventamos y que laten

cada noche detrás de una mirada.

 

¡Y te estoy amando! Con la fuerza del destino

y la palabra. Y estoy aquí en mi morada

palpitando mis días y mis noches con la

luz de tus pupilas en mi alma.

 Alfredo Moyano

(del poemario "Cantares")

 

Indice de Poesías

 

Roberto Villalba

 

Nacido en Pan de Azúcar en 1955, Roberto Villalba es un muy auténtico exponente de la literatura comarcal.

En el mundo de sus versos vive un luchador rebelde con tra las injusticias de la vida.

Implorante. Duro y a veces inflexible. Solidario. Su poesía no se aparta de la realidad, de esa realidad que muchos preferimos ignorar... Pero que nos envuelve sin remedio.

Sin necesidad de quedar bien con nadie, Roberto escribe lo que siente, y como ya lo hemos escrito en otras publicaciones, por profundidad, su poesía merece ser leída más de una vez.

"No puedo cantar el amor

el amor de sangrienta llama

el amor que todo lo exige

el amor que todo lo da.

No puedo cantar el amor

el de las nocturnas llamadas

el de los abrazos infinitos

el de los besos derramados

por la piel, el de la flor

abierta donde se duerme

el jubiloso semen.

No puedo cantar el amor

su misterio, su llanto, su ausencia

su locura que duele, duele...

No puedo cantar el amor

ni escuchar su desesperado llamado

la piel ya no me importa.

¡Ay pero no puedo acallar sus campanas!"

Roberto Villalba

 

Indice de Poesías

 

 

Alvaro Figueredo nació en Pan de Azúcar,

el 6 de setiembre de 1907.

En 1932 se recibió de Maestro de Educación

Primaria.

El 18 de Julio de 1935 se casó con Amalia

Barla, maestra fernandina, y del matrimonio

nacieron dos hijos: Alvaro Tell y Silvia Amalia.

Editó su primer libro de poesía en 1936: "Des-

vío de una estrella" . Del mismo año es el pe-

riódico literario "Mástil".

Su segundo libro de poesía ("Mundo a la Vez")

apareció en 1956.

Fue premiado en diversas oportunidades dentro

y fuera del país.

Falleció en Pan de Azúcar el miércoles 19 de

enero de 1966.

 

 

ALVARO NUPCIAL

 

"Junto en mi voz un Alvaro y lo alejo

-hacha de miel- a darme el dulce gajo

donde pende el poema en que trabajo

mi eternidad con dócil entrecejo.

Junto en mi voz un Alvaro y lo dejo

-guija de miel- rodar, Alvaro abajo,

hasta la flor de Amalia en que agasajo

mi eternidad con amoroso espejo.

Si más poema que Alvaro, me escojo,

si más Amalia que Alvaro, me elijo,

junto en mi voz un Alvaro y lo empujo

hasta el celeste niño en que me alojo,

y vuelvo a hablar del término del hijo

mi eternidad con inocente lujo".

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 “Memoria de mi calle” (1956)

 

“Hablo tan poco

buen día

cómo llueve

qué viento

que desgracia

o cada día cada noche un perro

comiendo el digo el te diré el  decía

el hasta luego

el sí perdón vecina

y a veces tanto polvo

de automóvil

                    tan breve poco pájaro

o amable soledad

                     qué tarde linda

qué plateada

buen día

equivocado porque estoy tan bueno

porque todo esta ahí

como en la mano”.

 

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“Narciso enlutado”. 1947.

“Abro el umbral del Alvaro en que moro,

junto en mi voz el Alvaro que aspiro.

Doy un Alvaro al aire, si suspiro,

y arrojo al mar un Alvaro, si lloro.

 

Cae del cielo un Alvaro, si imploro,

nace en mi sombra un Alvaro si expiro,

y, Alvaro solo y sin razón, me miro

si Alvaro tanto, a solas, atesoro.

 

De Alvaro tanto, mas que dueño, avaro,

me voy llorando al Alvaro mas duro

para olvidar al Alvaro en que muero.

 

Mas sin quererlo, el Alvaro mas claro

le brindo el cáliz del Alvaro que apuro,

para escuchar los Alvaros que espero.”

 

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"Romance  a Abel Martín”

 

“Hace mil años, un día

al pie del mar de un espejo,

me quedé muerto mirando la sinrazón de mi sueño.

Desde mi voz descendían

gaviotas de pecho negro,

y el mar estaba de pie

temeroso de mi aliento.

Se ahogaba un niño de miel

en  su fulgor pasajero

y me lloraba el cristal

donde yo me estaba viendo.

Mi mar era un niño azul

vestido de terciopelo,

con dos ojos desvelados

mirando mis ojos ciegos.

Le pregunté quien vivía

del otro lado del viento,

y el mar se burló de mi,

con sus razones de espejo.

Así me encontré una vez,

con Alvaro Figueredo,

en un rincón de mi casa

un crepúsculo de invierno.

Mi sombra estaba detrás

de la pared del espejo,

y era el espejo un carruaje

llevándose un niño muerto.

 

Otra vez me puse a hablar

con Alvaro Figueredo.

era un miércoles amargo

y al pie del mar verdadero.

Un ancho toro de espuma

con las pezuñas de fuego,

iba quebrando el crepúsculo

donde yo me estaba viendo.

El mar estaba sin ojos

ese miércoles de enero

y se trenzaban la barba

con los olvidos del tiempo.

Yo estaba solo y miraba

al mar con ojos ajenos.

Mis ojos lloraban lentas

gaviotas de pecho negro.

De mar en mar se escuchaba

el llanto del campanero.

El mar estaba en el mar

y el mar estaba en mis sueños.

Le pregunté quién vivía

del otro lado del viento,

y el mar se burló del mar

como si fuera un espejo.

Los dos quedamos al pie

del mar que nunca sabremos:

Mi voz un poco mas fría

y el mar un poco mas negro.

El mar estaba dormido

soñando un miércoles muerto

Pero yo estaba soñando

durmiendo un miércoles ciego.

Ya nadie sabe quien soy

y en cuanto soy, solo veo

un mar que mira sin ver

las hojas de un mar eterno.

Si yo no fuera quién soy

Pensara que era un espejo”

 

A. Figueredo

 

Indice de Poesías

 

Natalia Ricco:

 

POEMA DE AMOR

Pasarás por mi vida

sin saber que pasaste.

Pasarás en silencio por mi amor

y al pasar

fingiré una sonrisa como un dulce contraste

del dolor de quererte.

Y jamás lo sabrás...

Quizás pases con otra

que te diga al oído

esas frases que nunca

como yo te dirán.

Y ahogando para siempre

este amor inadvertido

te amaré más que nunca

y jamás lo sabrás...

Y si un día una lágrima

denuncia mi tormento

este tormento divino

que te debo ocultar

te diré: No es nada,

ha sido el viento,

me enjugaré la lágrima

y jamás lo sabrás...

 

Indice de Poesías

 

YAMANDÚ BEOVIDE

(DEL LIBRO "HOMBRE Y NO PUEDO" -1962-)

"Titiritero"

Esta cabeza triste

Esta voz

Estas manos moviéndose sin ganas,

Y más

Estas palabras,

Y más aún,

Estas manos, esta cabeza triste

Esta voz,

Y menos todavía

Este que está debajo

Y dice y dice,

Y la cabeza de madera triste

Y las manos moviéndose sin ganas

Y el ademán pesado

Y menos todavía

Este que a veces llaman Yamandú.

 

Indice de Poesías

 

 

AMOR SIN BARRERAS

(Lenir Baute)

Estar a tu lado

es lo mejor que me pudo haber pasado.

Agradezco a Dios el haberte encontrado

y que de mi te hayas enamorado.

Son para ti

los más bellos de mis poemas.

No es preciso que lo mencione,

es suficiente con que los leas.

 

Sentirte ausente

es más cruel que la muerte.

Estoy tan segura de este amor

que sé que nunca voy a perderte.

Me duermo pensando en tu mirada

y no tengo más sueños...

En ella quedo atrapada.

¿Será eterno el amor que nos condena?

Si es así, sabremos

que amarnos, valió la pena.

 

Indice de Poesías

 

Un Ejército en pie

Dragones en hilera formando en la cuchilla.

Infantes que se enraízan cerca del pastizal.

Al viento las melenas grises y alborotadas

en la cinta plateada, bota fuerte calzáis.

 

Soldados en ¡Descanse! Desde hace más de un siglo.

Ni avanzan ni se vuelven. Callados siempre están;

marcando su presencia aquellas viejas rutas

donde el veloz viajero jamás ha de pasar.

 

Se advierten desde el llano coronando las lomas,

bajando las laderas y volviendo a trepar.

Dan sombra al caminante que pasa por su vera

aspirando su aroma rústico y natural.

 

Eucaliptos altivos donde filtran los vientos

y rayos vespertinos se posan a jugar

en los atardeceres tibios y rumorosos,

como broches preciosos de luz crepuscular.

 

Habrán otros caminos más anchos y lujosos,

más cómodos y abiertos, más fáciles de andar,

pero vosotros seguiréis dando abrigo

a angosto derrotero que no quiere cambiar.

 

Yo miro la cimera ¡Imán irresistible!

Comprendo que al progreso podréis quizá estorbar,

pero seguid enhiestos, firmes, quietos y austeros

mientras me quede vida, mientras os pueda admirar.

 

Wilma Pereira de Vaccaro

30/7/1991

 

Indice de Poesías

 

 

Cantarle al terruño

(compaginación de Alberto Vaccaro)

¿A qué le cantan los poetas? El amor, la desventura, la soledad, las injusticias... ¡son tantos los temas! Leyendo libros, me parece a veces entender diálogos que no se amarran en el tiempo, ni conocen de otras barreras que las de un sentimiento plasmado en tinta.

Muchos han escrito alguna vez sobre un lugar: su Pueblo, su casa, su comarca. Es la expresión de una de las más puras formas de amor.

Alvaro Figueredo escribió sobre Pan de Azúcar, y aunque las palabras que escogimos no forman parte de un único texto, se enlazan solas:

"Al principio fue el Cerro, su desnuda morfología, su estructura granítica, su soledad inhumana, su designio eminente"

"El villorio se extiende. Se convierte en ciudad. Las generaciones se suceden. El Cerro permanece, mojón de nuestra historia, sillar de libertades, tribuna del espíritu, numen de la Ciudad."

"Intimamente mío/ profundamente mío, /¡Cómo me llena el alma tu naturalidad! / la ingenuidad espontánea de tus calles, / tu arquitectura simple / sin ampulosidades ni ficciones perversas, / que te enseñan el mismo / en todas las esquinas..."

"Todo canta. El Negro canta/ su negro son de cachumba./ Cantando la lluvia arrastra/ insolencias de lechuzas./ En la sartén cantan, anchas/ las tortas fritas, su holgura./ Y hacia el Sur, el Cerro canta/ la canción de Pan de Azúcar, / como un tamboril de piedra/ que no se le acaba nunca."

 

También su amante esposa Amalia, escribió a Pan de Azúcar. Pese a ser fernandina, se encariñó con la ciudad donde compartió la vida con Alvaro:

"Pan de Azúcar, Pan de Azúcar/ qué tiene tu caserío/ que triste como venía

doblaste mi soledad. ¿Qué tienen tu cerro y tú/ que entre la copa y el brindis/ amor, ay amor arisco/ subes a prisa la espina?.-

Ricardo E. Molinari (argentino), dibujó Piriápolis en estos versos:

 

"Piriápolis, entre tus verdes cerros,/ donde la "espina de la cruz" sube, llora y espera/ oteando las delicadas cumbres y faldas/ con olor a vainilla/ a azucenas silvestres, a primaveras,/ aguarda toda la ausencia./ Sólo el aire retorna!/ sólo el mar sopla su nostalgia placentera."

"En ti resuena, Piriápolis, / incansable el mar, como en mi boca/ tu nombre susurrante y profundo,/ de encantado estío."

"Piriápolis! / y detrás de tus sierras, de tus sonrientes naves,/ se recoge la tarde igual que una enamorada."

Blanca Luz Brum, poetisa pandeazuquense, escribió allá por 1927:

"¿Sabes de dónde vine?

¿Sabes de dónde vine con mis ropas sencillas?

Con el alma y el cuerpo saturado de aromas

De tréboles, de malvas, verbenas y gramillas

Y en los ojos las curvas perfectas de las lomas?

 

Yo vine de los campos que dora el Sol ardiente

Donde forja el labriego el pan de cada día

Arrojando a los surcos la bendita simiente

Mientras juegan sus hijos en la blanca alquería.

 

Donde salta en las sierras las aguas cantarinas

Tan puras y tan claras que asomándose a ellas

Maravillada he visto mi alma en esas cristalinas

Aguas; y la tenía toda tachonada de estrellas!...

¿Sabes de dónde vine?

vine de los campos que dora el sol ardiente

Donde todo es sencillo y más bueno se siente.

(de "Las Llaves Ardientes")

 

 

Indice de Poesías

 

Luis Alberto Quevedo es un poeta nacido en San José de Mayo, pero desde hace años radicado en Piriápolis. Lo valoramos como un escritor en permanente búsqueda de superación, y como un ser humano dotado de gran voluntad para ir derribando barreras económicas y llegar a sus lectores ya con varios libros, pronto con una nueva entrega.

En "Desde el Corazón" encontramos:

SOÑADOR

Soy un vagabundo errante

Soy un pobre soñador

Que navego por los mares

Pensando sólo en mi amor.

Solitario por las calles

Solo con mi soledad

La mirada indiferente

Perdida en el más allá.

Mi barco no tiene puerto

La esperanza es el timón

Los compases de los remos

Son los de mi corazón.

Ella me estará esperando

Y yo no podré volver

Si el engaño es la distancia

Más lejano es mi querer.

Vagabundo a mí me dicen,

No comprenden mi dolor

Si me ven sucio y cansado

Por el precio de mi amor.

En mis noches de delirio,

Me parece hasta soñar

Con su carita de niña...

Es muy cruel el despertar.

 

Indice de Poesías

 

Raúl Montañez, fue uno de los excelentes poetas que ha dado el departamento de Maldonado. Del libro "Pajarillos de Papel" extraemos:

TARDE DE LLUVIA

Estoy mirando a un niño jugar bajo la lluvia

Quiebra con sus manitas los espejos del agua

Tiene los pies descalzos, tiene el alma desnuda

Y un cascabel alegre brincando en su garganta.

El niño juega y juega desbordado de vida

Y de su propia risa se ríe a carcajadas

Vencedor del silencio en premio a su alegría

Una nube de plomo le regala una lágrima.

Estoy mirando a un niño reír bajo la lluvia

Yo bebo de su risa detrás de mi ventana

Y qué bien que me hace para mi sed madura

Después de haber vaciado mi copa de nostalgia.

Yo también cuando niño jugué bajo la lluvia

Ahora, viejo y cansado, me pesa tanto el tiempo

Que mientras ria el niño, yo respiro ternura

Porque casi no puedo sostener mis recuerdos.

 

 

Indice de Poesías

 

Gloria Quesada Manzor es una mujer joven, pero su inclusión en este espacio se debe a su pasado.

Años atrás recibimos "Muñecas y Letras", un libro que Gloria publicó en 1978 con la recopilación de textos escritos desde sus siete años de edad. En particular uno, que escribió cuando tenía diez años, nos emociona profundamente:

BENGALA

Lo trajo mi empleada. Era una suave pelotita negra, en cuyo interior latía un pequeño corazoncito. Abrió los ojitos, me miró. Me brindó todo su afecto a través de sus pequeños luceros. En esa mirada me di cuenta que sería mi mejor amigo.

El tiempo pasaba y Bengala crecía.

En las tardes de sol corríamos por el campo; a veces nos bañábamos en la laguna más cercana.

Los días de lluvia lo pasábamos frente a la estufa, jugando con una pelotita de goma roja.

Bengala cumplía ocho meses.

Una mañana me levanté precipitadamente a verle y...

¡Qué horror! No lo podía creer: Dios se lo había llevado.

Dormía el sueño eterno del que nunca despertaría.

Me arrodillé ante él, lo besé. Una lágrima hacía temblar mis ojos, parecía una prisionera que quería salir de su celda.

La lágrima estaba a punto de deslizarse por mi mejilla cuando de pronto, algo la detuvo: un poco de felicidad entró en mi corazón y con amor lo miré y me dije:

¡Mi Bengala! Pensar que Dios lo vino a buscar a él, a mi perro, para llevárselo, ¡Qué gran orgullo que se haya acordado de él!

¡Mi querido Bengala!" Dios se lo llevó a conocer el maravilloso mundo del paraíso.

Desde entonces, por las noches, antes de acostarme, le pido a Bengala que ayude a toda la gente buena y humilde del Mundo, que casi siempre pagan las consecuencias por los males de los demás, que ninguno tenga más que otro, pues tenemos derecho a lo mismo: todos somos hermanos.También le digo que dentro de un largo tiempo nos reuniremos y los dos podremos disfrutar de la maravillosa vida del paraíso.

Indice de Poesías

 

 

 

 

 

1907 - 100 años de Alvaro Figueredo  - 2007

El poeta Alvaro Figueredo nació en Pan de Azúcar el 6 de setiembre de 1907.

En 1932 obtuvo el título de Maestro de Enseñanza Primaria.

El 18 de Julio de 1935 se casó con Amalia Barla, maestra de la ciudad de San Fernando de Maldonado.

En 1936 editó su primer libro de poesía Desvío de una estrella, y el periódico literario Mástil.

Se le reconoce la iniciativa e impulso para la  realización del 1er. Congreso de Escritores del Interior, realizado en 1938 en el Ateneo de Montevideo.

Colaboró durante años en la revista escolar El Grillo, editada por el Departamento de Publicaciones del Consejo de Enseñanza Primaria y Normal, trabajos recopilados en el volumen Estampas de nuestra tierra, bajo el título de Diario de Goyito.

En 1944 dio lectura ante la Piedra Alta de la Florida, a “su Canto a la Independencia Nacional”.-

En 1946 recitó en Colonia su “Oda a la Paz después de la Victoria”

También en 1946, su “Canto a Iberoamérica” fue  distinguido con Mención Especial en los “Juegos Florales de México”.

Su segundo libro de poesía Mundo a la vez apareció en el año 1956.

En 1964 fue designado miembro correspondiente a la Academia de Letras del Uruguay.

Falleció en su casa de Pan de Azúcar en la tardecita del miércoles 19 de enero de 1966.

(extraído de la Biografía del libro Poesía)

 

Alvaro Figueredo fue, antes que nada, un habitante de Pan de Azúcar y frecuentemente de Punta Colorada. Nacido en la ciudad que fundó, entre otros, su abuelo materno, profesó un gran cariño por sus calles y su plaza, por sus niños y adolescentes.

“Pueblo Mío, profundamente mío…” (La Canción de mi Pueblo Azul) pinta con claridad ese sentimiento veinteañero, que evolucionado, sazonado con los años y la madurez espiritual, reaparece en el discurso leído ante su gente el día en que Pan de Azúcar fue declarada Ciudad en 1961.

 Poeta no fue su profesión, sino su naturaleza. El “ABC del Gallito Verde” conjuga esa esencia escritora con el amor por los escolares, y testimonios de sus alumnos reflejan la autoridad natural de su sabia presencia en el aula.

 Alvaro Figueredo es también recordado por sus magistrales clases de Literatura en Educación Secundaria. Dueño de una valiosa biblioteca y de sus mensajes, Alvaro fue catedrático cuyos apuntes podían ser utilizados a niveles universitarios.

 Apático, poco comunicativo, tal vez introvertido o tímido en su relación diaria con los vecinos, abría su cuota de expresividad cuando la pluma jugaba sin barreras, casi surrealista, sobre el papel.

Amante de la libertad, consecuente con su tiempo generacional en los mensajes de contenido latinoamericano, comprometido con su tarea docente, pero más con circunstanciales olas de inspiración… Solía recluirse en geniales paréntesis creativos, de los que surgió un legado del que poco existe publicado, y en el que habrá que bucear años para rescatar, seguramente, muchos libros más.

Alberto Vaccaro