PAN DE AZÚCAR CIUDAD CULTURAL

Prof. Alberto Vaccaro

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ASTRONOMÍA

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El Telón Azul del Cielo

 

Rutinario, camina el Sol sus últimos pasos de la tarde para esconderse en su lecho de horizonte.

Lentamente se corre el telón azul del cielo y un espectáculo millonario en actores, se instala con sus luces diferentes, en el profundo escenario de la noche.

El espectador satura su mirada en la vastedad de brillos, y una emoción sin límites se apodera de su espíritu.

¿Quién dirige la orquesta sinfónica de los colores? ¿Quién coordina el drama más sugestivo y misterioso? ¿Quién ordena tantos movimientos? ¿Quién creó la escenografía perfecta del firmamento y su magia maravillosa de efectos especiales? ¿Quién escribió el libreto de una obra que se repite con pequeñas variaciones desde hace ¡tanto tiempo!, Pero sigue cautivándonos como la primera vez?

Miles de años atrás, nació la Filosofía. El hombre formulaba preguntas sin respuesta, aturdido por la inmensidad y el contraste con su aguda pequeñez. El éxtasis estético y el condimento misterioso de lo desconocido. Imagino las  noches sin luces citadinas, sin más techo que aquel en que tiemblan las estrellas. Después vino la superstición, las leyendas, la astrología, el politeísmo, los augurios escritos en el cielo.

Recién mucho después, en el hallazgo de respuestas comprobables, nació la ciencia. Irrumpió entonces la Astronomía: la más antigua de las ciencias de la naturaleza. Quizás el primer conocimiento astronómico tuvo que ver con el ciclo repetido de los días y las noches, o la sucesión de las fases de la Luna... las primeras unidades naturales de tiempo adoptadas por el hombre.

En la “ noche a pleno día” de los eclipses de Sol, o en la “amenazante” presencia de los cometas, crecían las preguntas. Observadores unían con líneas imaginarias los puntitos luminosos y creían ver en esas caprichosas formas, imágenes de animales, héroes, gigantes o monstruos, mientras los dioses se paseaban por la bóveda celeste.

¿Cuánto tiempo pasó entre la aparición del hombre y los primeros conceptos científicos?

Es muy difícil asegurarlo y todo gira entre especulaciones. Existen indicios, pero no certezas, hasta que la escritura puso un mojón, unos cinco mil años atrás.

Hacer un estudio del pasado resulta sorprendente: Las estimaciones actuales atribuyen a la Tierra una edad de cuatro mil millones de años, mil millones de años más joven que el Sol. La vida apareció en el Planeta hace unos tres mil millones de años, y su origen es aún un enigma, pese a que existen teorías que intentan trazar una evolución desde sus comienzos hasta el presente.

La presencia del hombre se remonta a un millón de años aproximadamente (dato que no es preciso y sobre el cual existen diversas opiniones, por la vaguedad de las pruebas arqueológicas y por los criterios para establecer si el ser en evolución entraba o no en la especie humana). Sólo de los últimos cinco mil años existen escrituras que describen el pensamiento humano, las creencias, los conocimientos, la técnica. Los primeros documentos fueron muy distintos a la escritura alfabética, de origen fenicio, que surgió por el siglo XII antes de nuestra era.

¿Qué veía en el cielo el hombre primitivo? ¿Cómo interpretaba el espectáculo de los astros, tan inalcanzables, tan hermosos? ¿Desde dónde llegaba el Sol cada mañana y hacia dónde se marchaba cada ocaso?

Debemos tener en cuenta que, en su estado mental, el hombre primitivo fue un místico dominado por sus emociones, lejos de las actuales “leyes de la razón”. La superstición  e historias fantásticas sobre la Tierra y los astros, con aparición de héroes y animales de su entorno, fueron las primeras respuestas. Existen aún en ciertos lugares de la Tierra, poblaciones no civilizadas con un modo rudimentario de vida, similar al del hombre prehistórico. Los sicólogos actuales se valen de estas tribus para aclarar levemente la sombra de tiempos remotos y comprender en qué mundo trágico vivió el ser humano primitivo.

Resulta así posible, acercarnos a una época en la que el trueno, las lluvias, los eclipses, los cometas y otras manifestaciones parecían producirse en el cielo como si fuerzas poderosas actuaran desde la altura.

El cielo era considerado entonces un mundo por encima de la Tierra, y frecuentemente  se imaginó otro cielo más allá, que envolvía al primero como éste lo hacía con la Tierra.

No es nuestro propósito abocarnos a la historia de la Astronomía, aunque haremos en este trabajo  menciones a algunos pasajes que consideramos fundamentales. Pero dejemos claro que, en la Prehistoria, el conocimiento astronómico tuvo como eje principal la medición del tiempo y la búsqueda de explicaciones a los fenómenos observables.

Los egipcios establecieron un calendario común por el año 4.228 a.C.. Troya fue fundada en el 3.500 a.C., el cobre apareció en el 2.100 a.C., en el l850 a.C. se conoció el bronce, la guerra de Troya fue en el 1280 a.C., probablemente entre 900 y 800 años a.C. fueron escritas “La Ilíada” y  “La Odisea”, menos de 800 años a.C. se redactaron las partes primitivas del Antiguo Testamento. El desarrollo griego sucedió a partir de unos 700 años a. C.. Unos mil años antes de Cristo, la concepción del mundo difiere en pequeños detalles de uno a otro imperio. En general aceptaron como ciertas las apariencias y supusieron a la Tierra en el centro del Universo. Esta creencia se basa en el movimiento aparente que hacen los astros en torno del planeta, como resultado de la rotación de la Tierra. La Tierra es plana en su conjunto con algunos accidentes de relieve, recubierta por una campana (la cúpula celeste que lleva a los astros).

Los hebreos imaginaban a la Tierra cual un disco (como el horizonte). Referencias de esta concepción cosmológica se encuentran en la Biblia. Homero  dice que el Océano es la fuente de todas las cosas: la Tierra es un disco rodeado por el dios Océano.

Entre ideas tan pobres sobre el mundo, los griegos, los chinos, los babilonios y los egipcios dividieron el cielo en constelaciones. Creadas arbitrariamente por el hombre, las constelaciones no son otra cosa que un caprichoso “dibujo”, imaginado al unir los puntitos de las estrellas como si estuvieran “pintadas” en el cielo. Esas imágenes representaban a seres mitológicos, animales, figuras geométricas, etc. El cielo es en verdad  una ilusión óptica, y las estrellas ocupan lugares  distantes en el espacio. El conjunto inventado para una constelación, está integrado por estrellas que ni tan siquiera suelen ser vecinas, aunque desde nuestra ubicación se les ve en una misma zona del cielo.

Pese a que sabemos hoy que las constelaciones no son más que figuras imaginarias, su conocimiento es de utilidad para reconocer a las estrellas, para delimitar zonas del cielo, y para la orientación, esto último, básico para la navegación.

Existen actualmente ochenta y ocho constelaciones, la mayoría de las cuales tienen nombre de origen griego, aunque traducidos al latín más tarde.

El Sol, la Luna y los planetas “deambulan” por una zona del cielo llamada zodíaco, que se extiende a ambos lados de la eclíptica. La eclíptica es una línea recorrida por el Sol en su movimiento  aparente anual, y se llama así porque sólo cuando la Luna está en próxima a esa línea puede ocurrir un eclipse. En el zodíaco existen doce constelaciones, las de origen más antiguo, y se conocen como “constelaciones zodiacales” o “signos del zodíaco”. Estas constelaciones son la zona del cielo delante de la cual está el Sol durante un mes. Una de ellas es la de Aries, donde el Sol ingresaba el 21 de marzo (equinoccio vernal). El movimiento de precesión de los equinoccios (lento desplazamiento hacia el Oeste del punto de intersección de la eclíptica con el ecuador) hace que el Sol pase por la constelación de Aries desde los últimos días de abril (uno de los tantos hechos que parecen desconocer quienes creen en influencias astrológicas del Sol, la Luna,  los planetas y las constelaciones). En el entorno del 21 de marzo, el Sol pasa por el "punto Aries" que ya no coincide con la constelación del mismo nombre.

 

                              Cruz del Sur                                                 Orión


En el hemisferio Sur, algunas constelaciones destacan nítidamente por su aspecto y por su importancia. La Constelación de la Cruz del Sur es una referencia obligada para encontrar los Puntos Cardinales: Su palo mayor apunta al PCS (Polo Celeste Sur). El Sur se encuentra bajando una perpendicular desde el PCS al horizonte .

 

(Más adelante nos referiremos a formas de orientación).

Por su proximidad al PCS la Cruz del Sur puede verse desde el Uruguay todas las noches del año y a toda hora, aunque desde el Norte (Artigas) la estrella γ puede quedar momentáneamente debajo del horizonte. No obstante, su posición relativa al horizonte cambia con las horas (MGD) y a la misma hora en diferentes días. -El MGD (Movimiento General Diario) es el desplazamiento aparente de los astros de Oriente a Occidente en un día. Ampliación en página 29-.

Es corriente confundir a la Cruz del Sur con otros grupos de estrellas parecidos. Para evitar errores, deben atenderse algunos detalles como que sus estrellas están ordenadas por brillo, en forma descendente, desde Acrux (α) en el sentido de las agujas del reloj. Otra característica importante es la presencia cercana de α y β del Centauro, como se aprecia en el gráfico.

Otra constelación notable, aunque no se observa todo el año, es Orión. 

Las constelaciones llevan consigo hermosísimas leyendas mitológicas. Orión era un gigante cazador, hijo de Euríale y Poseidón. Agraciado por su padre con el poder de caminar sobre el mar, Orión se sentía superior a todas las demás criaturas de la Tierra. Los dioses, molestos con la actitud soberbia del gigante, mandaron al Escorpión a darle muerte clavando su aguijón ponzoñoso en un talón. Al instante, sintiéndose herido, Orión mató a su atacante de un pisotón.

Según se relata, la diosa Diana pidió que Orión fuera transportado al cielo.  Así se hizo, y su eterno enemigo, el Escorpión, fue colocado en la posición opuesta, de modo que cuando el gigante aparece por Oriente, el animal se esconde por occidente, y viceversa.
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Como se aprecia en el dibujo, Orión era representado con un garrote en su mano derecha, defendiéndose del ataque del Toro (Tauro) acompañado por sus fieles perros: el Can Mayor, y el Can Menor.

El Toro (Tauro), según la leyenda griega, representaba al animal en el cual cierta vez se había convertido el dios Júpiter para acercarse a Europa, hija del Rey de Siria, de la cual se encontraba enamorado. Cuando Europa se acercó al hermoso toro blanco, este se tendió a sus piés y la joven se sentó sobre él. El  toro se levantó y se introdujo en el mar, llevándose a Europa hacia la isla de Creta. Una vez allí, Júpiter reveló su identidad, y se casó con la joven.

Las Pléyades (siete Cabritas) son un cúmulo estelar (ver "asociaciones estelares - Cúmulos") ubicado dentro de los límites de la constelación de Tauro, y representan a las siete hijas de Atlas y Pleione (Alción, Mérope, Celeno, Taigeta, Asterope, Electra y Maia).

Las constelaciones de Centauro y Sagitario, representan a Quirón, un centauro (ser mitológico mitad hombre, mitad caballo) quien pertenecía a una raza gigante y brutal que habitaba las colinas de Tesalia   Quirón era considerado un sabio por sus conocimientos de música, medicina, astronomía, y otras disciplinas y se le atribuye haber creado a las constelaciones, para que Jasón y los argonautas se guiaran en su viaje en busca del vellocinio de oro.

Las estrellas, que ocupan lugares del espacio a diferentes distancias de la Tierra, se ven en el cielo como puntos luminosos que, con buena imaginación, el hombre asoció a figuras mitológicas, geométricas, etc.

Las constelaciones son sólo grupos de estrellas en el cielo, elegidos arbitrariamente por observadores de épocas remotas. Las estrellas de una misma constelación pueden en realidad ocupar lugares muy distintos del espacio, algo así como los objetos que se ven a través de una ventana: la única vinculación entre todos ellos es verse por la misma ventana.

Como se aprecia en el dibujo, Orión era representado con un garrote en su mano derecha, defendiéndose del ataque del Toro (Tauro) acompañado por sus fieles perros: el Can Mayor, y el Can Menor.

El Toro (Tauro), según la leyenda griega, representaba al animal en el cual cierta vez se había convertido el dios Júpiter para acercarse a Europa, hija del Rey de Siria, de la cual se encontraba enamorado. Cuando Europa se acercó al hermoso toro blanco, este se tendió a sus piés y la joven se sentó sobre él. El  toro se levantó y se introdujo en el mar, llevándose a Europa hacia la isla de Creta. Una vez allí, Júpiter reveló su identidad, y se casó con la joven.

Las Pléyades (siete Cabritas) son un cúmulo estelar (ver "asociaciones estelares - Cúmulos") ubicado dentro de los límites de la constelación de Tauro, y representan a las siete hijas de Atlas y Pleione (Alción, Mérope, Celeno, Taigeta, Asterope, Electra y Maia).

Las constelaciones de Centauro y Sagitario, representan a Quirón, un centauro (ser mitológico mitad hombre, mitad caballo) quien pertenecía a una raza gigante y brutal que habitaba las colinas de Tesalia   Quirón era considerado un sabio por sus conocimientos de música, medicina, astronomía, y otras disciplinas y se le atribuye haber creado a las constelaciones, para que Jasón y los argonautas se guiaran en su viaje en busca del vellocinio de oro.

Las estrellas, que ocupan lugares del espacio a diferentes distancias de la Tierra, se ven en el cielo como puntos luminosos que, con buena imaginación, el hombre asoció a figuras mitológicas, geométricas, etc.

Las constelaciones son sólo grupos de estrellas en el cielo, elegidos arbitrariamente por observadores de épocas remotas. Las estrellas de una misma constelación pueden en realidad ocupar lugares muy distintos del espacio, algo así como los objetos que se ven a través de una ventana: la única vinculación entre todos ellos es verse por la misma ventana.

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Aunque las constelaciones fueron en principio el dibujo imaginario de estrellas, actualmente el cielo íntegro está dividido en 88 parcelas: las 88 constelaciones, y todo punto del cielo pertenece a alguna constelación. Esto es una ayuda importante para ubicar astros en la Esfera Celeste (ver "definiciones").

Dentro de una misma constelación, las estrellas tienen diferente brillo. Se les clasifica con la letra griega correspondiente a su orden de brillo: Alfa del Centauro es la estrella más brillante de la constelación del Centauro, Beta del Centauro es la siguiente, y así sucesivamente. Cada constelación tiene su estrella Alfa, Beta, Gama, etc.; aunque además las estrellas importantes tienen su propio nombre: Alfa del Can Mayor es Sirio, Alfa de Tauro es Aldebarán, Alfa del Escorpión es Antares, etc.- El brillo de las estrellas como se ve en el cielo, depende  del brillo real de cada una, y de la distancia a la que se encuentran de la Tierra. Como de un vistazo al cielo no podemos saber otra cosa que el brillo aparente, se clasifica a las estrellas en "magnitudes aparentes" (m). En un principio las estrellas más brillantes eran de "primera" magnitud aparente, y las de menor brillo visible a ojo desnudo, de "sexta" magnitud aparente. Las de m=1 son cien veces más brillantes que las de m=6. Las de m=1 son 2,512 veces (raíz quinta de cien) más brillantes que las de m=2, las de m=2 son 2,512 veces más brillantes que las de m=3, y así sucesivamente.

Con la aparición de instrumentos precisos (fotómetros) la magnitud aparente de cada estrella tiene valores más exactos: m=1,32; m=5,28; m=- 1,43, etc.- Recordar que las de magnitud m=0 son más brillantes que las de m=1, y las negativas son aún más brillantes.

Entre dos estrellas de magnitudes m y m' la relación de brillos es la siguiente:

 

 

De lo anterior resulta que una estrella de 1ª magnitud aparente (m=1) es 2,512 (2-1) = 2,512; unas dos veces y media, más brillante que una de 2ª magnitud aparente (m=2). Si queremos saber cuántas veces más brilla una estrella de m=7 que otra de m=12  se procede así: (R: relación, número de veces que una brilla más que la otra.) R=2,512 (12-7)= 2,5125=100. La estrella de m=7 brilla cien veces más que  la de m=12

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